miércoles, 20 de enero de 2010

¡Sigue tu corazón!


Un día el gurú le pide a su discípulo que vaya al pozo a buscarle una cubeta con agua para poder lavar su cara y sus manos. El discípulo parte amorosamente, agradecido de poder dar este servicio a su a amado maestro. Mientras está en el pozo sacando agua, se le aproxima una hermosa mujer joven. Él mira en sus ojos y queda encantado por su presencia. Comienzan a hablar y ella lo invita a su casa a una cena familiar. Él conoce a su padre y a su madre y se le ofrece un trabajo lucrativo en el negocio familiar. Pronto se casa con ella e inician una familia. Él se convierte en un empresario exitoso y un miembro respetado de la comunidad, con nietos jugando a sus pies. Pasan los años y eventualmente se retira de sus actividades diarias de negocios, dejando sus logros al cuidado de sus hijos adultos.
Un día hace su caminata regular de la tarde, pero por alguna razón se siente inspirado a seguir una ruta diferente. Esta lo conduce inesperadamente hacia el pozo en donde encontró por primera vez a su amada esposa. De pronto, como un relámpago entrado a su corazón, recuerda la cara de su amado gurú. Sin un momento de duda corre todo el camino hacia la aldea cercana y descubre la humilde casa de su gurú todavía de pie en donde la recordaba. Toca a la puerta. Una voz familiar dice “Entra”. Allí, sentado exactamente en el mismo cojín en donde recordaba haberlo visto por última vez, está su amado amigo y maestro – sonriendo como el sol de la mañana. El ahora anciano discípulo cae a sus pies sollozando. El gurú se ríe efusivamente y suavemente acaricia su cabeza. “¿En dónde está la cubeta de agua para lavar mi cara y mis manos?” le pregunta juguetonamente. “O amado gurú, me pediste algo tan simple, pero me extasié demasiado fácil con el mundo y te olvidé completamente. Te he fallado.”
“O no”, sonrió el gurú. De ninguna manera. Yo te pedí agua, pero en lugar de eso te fuiste y viviste. Y, ¡viviste bien! Ahora no recibo agua de ti, sino la bendita humedad de tus lágrimas de amor, reconocimiento y recuerdo. Tales lágrimas no lavan mis manos y mi cara, pero tocan mi corazón lo suficientemente profundo como para permitirme dejar este mundo satisfecho. También limpian tu corazón de forma que tu Alma se coloca en este cojín. Gracias por seguir a tu corazón para que yo sea libre de seguir al mío.” Tomado de Brillando a través de la Aplicación  Michael Brown
¡Tu vida tiene un significado que va más allá de atesorar unos cuantos bienes en medio de los afanes de cada día!
Aquella semilla sembrada en cada uno de tus seres amados será tu mayor logro; y tu mayor recompensa, es quedarte en el corazón de cada ser encontrado en el caminar de tu existencia.

La misma naturaleza con sus manifestaciones, nos está haciendo el mismo llamado de amor realizado hace más de 2.000 años por el Maestro Jesús: AMOR.

Esta semana extiende con amor y generosidad tu mano a quienes están pasando por dificultades

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