martes, 3 de noviembre de 2009

¿Soy consciente de mis palabras?

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que éste había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre sabio a quien le dijo:"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?". El hombre respondió: "Toma una bolsa llena de plumas de ave y suéltalas por donde vayas".

El hombre al cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo:"Ya he terminado". Y el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar la bolsa con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas".

El hombre se sintió muy triste, pues sabía que eso era imposible.

El sabio le dijo: "Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Sé humilde y reconoce el daño pidiendo perdón a tu amigo, y jamás vuelvas a repetirlo". Autor anónimo.

Con nuestras palabras podemos fortalecer pero también aniquilar a quienes nos rodean, por ello antes de convertir nuestros pensamientos en palabras debemos tener la certeza de la veracidad, la bondad y la necesidad de transmitir ese mensaje.

Somos responsables y co-creadores de la situación que estamos viviendo. Cada pensamiento y cada palabra construye una realidad; por tanto, nosotros podemos permitirnos únicamente pensamientos y palabras positivas para transformar el odio en amor, la escasez en abundancia, la enfermedad en salud, la guerra en paz, la tristeza en felicidad…

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