martes, 17 de noviembre de 2009

Artífice de un milagro de amor

Como cualquier madre, cuando Karen supo que un nuevo bebé venía en camino, hizo todo lo posible para ayudar a su otro hijo Michael de tres años de edad, a prepararse para la llegada del bebé. Los exámenes mostraron una niñita y todos los días Michael cantaba cerca de la barriga de su mamita. Él ya amaba a su hermanita antes de nacer y el embarazo se desenvolvió normalmente.

En el tiempo programado se inicia el trabajo de parto y ante algunas complicaciones se discute la necesidad de practicar una cesárea. Finalmente la hermanita de Michael nace y es llevada rápidamente a la Unidad de cuidados intensivos neonatal del Hospital de Saint Mary.

Los días pasaban y la pequeñita empeoraba. El médico les pidió a sus padres: "Prepárense para lo peor pues hay pocas esperanzas". Karen y su marido comenzaron los preparativos para el funeral. Algunos días antes ellos estaban arreglando el cuarto para esperar al nuevo bebé. Hoy los planes eran otros.

Mientras esto sucedía, Michael todos los días, pedía a sus padres que lo llevasen para conocer a su hermanita: - Yo quiero cantar para ella – les decía insistentemente; pero los niños no eran permitidos en la Unidad de cuidados intensivos. Sin embargo, Karen lleva a Michael al hospital de cualquier manera él no había visto a su hermana y si no fuese hoy, tal vez mañana ya no la vería con vida.

Ella vistió a Michael con una ropa un poco mayor, para disfrazar su edad y tomó rumbo al hospital. La enfermera no permitió que el pequeño entrase y exigió que ella lo retirara. Pero Karen insistió: - él no se irá hasta que vea a su hermanita!-.

Ella llevó a Michael hasta la incubadora. Su tierna mirada se centraba en la pequeña personita que perdía su batalla por la vida. Después de algunos segundos mirándola, comenzó a cantar con su voz pequeñita:

"-Tu eres mi sol, y mi único sol. Tú me haces feliz aún cuando el cielo está oscuro..."

En ese momento, la bebé pareció revivir. Las pulsaciones comenzaron a bajar y se estabilizó. Karen animó a Michael para que continuara cantando. "-Tú no sabes, querida, cuánto te amo, por favor no te lleves mi sol ahora."

Mientras Michael cantaba, la respiración difícil del bebé se fue tornando cada vez más suave.

- Continua, querido!, pidió Karen, emocionada

"- La otra noche, querida, yo soñé que tu estabas en mis brazos"...

El bebé se comenzó a relajar. - Canta un poco más Michael, pedía su madre. La Enfermera comenzó a llorar, y la tierna e infantil voz pregonaba:

"- Tu eres mi sol, mi único sol. Tú me haces feliz. Aún cuando el cielo está oscuro...Por favor, no te lleves mi sol ahora."

Al día siguiente, la hermanita de Michael ya se había recuperado y en pocos días se fue para su casa.

El Woman's Day Magazine llamó a esta historia "El milagro de la canción de un hermano". Los médicos lo llamaron simplemente "milagro". Karen le llamó el "milagro del amor de Dios". - (Gracias al aporte de Leonardo Orozco para los Lunes del alma)

Esta es una nueva oportunidad para pensar, si con nuestras canciones podemos ayudar a otros, para que vean el sol aún en medio de las dificultades y vicisitudes del día a día. Con una mirada, una sonrisa, un apretón de manos, un abrazo o un beso podemos ayudar a otro ser humano a reconocerse como un milagro con la capacidad amar y de ser amado

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